Encontré una mosca
detenida dentro del enrejado del ventilador, detrás de las aspas. La
mosca se frotaba las patas delanteras. Una con otra, como una mujer
que se esparce crema por los brazos. Primero la pata derecha
restregaba la pata izquierda; después la pata izquierda hacía lo
mismo con la derecha. Pasó ambas patas por sus cinco mil ojos; se
quitó las legañas. Las patas de en medio también participaron, y
con eso finalizó el acicalamiento de su tren delantero. Realizó
algo similar con el tren trasero. Esto incluía sus patas, sus alas y
el tren posterior. Parecía hada pulcra, y reflexioné en el concepto
erróneo que tenemos de las moscas al considerarlas seres sucios y
respulsivos. Decidí que a partir de entonces, les permitiría
detenerse en mis sándwiches o en cualquiera de mis comidas. Entonces
encendí el ventilador.
La succión atrajo a la
mosca hacia las aspas y tuvo que aferrarse al enrejado. Para los que
no saben física, esto se debe a que el ventilador empuja el aire
hacia afuera por la parte delantera y succiona el aire por su parte
posterior. Funciona como una bomba y la mosca estaba atrapada en esas
leyes de la física de los fluidos. En fin, la mosca no parecía
tener problemas con la fuerza del aire. Se aferraba bastante bien;
era una simple contrariedad tener que soportar una pequeña ráfaga
de viento. La velocidad del ventilador estaba en baja; la subí a
media. Con velocidad media vas a tener problemas. Ahora veremos cómo
te sienta un poco de presión. El primer efecto que observé fue que
se levantaron las alas de la mosca y también noté que en sus patas
se manifestaba cierta tensión. No sé si las moscas tienen fibras
musculares, pero estoy seguro que si las tienen, éstas estaban
tensas. Se agarraba con fuerza. La mosca soportaba bien y salvo por
sus alas no movía un músculo; con cualquier movimiento se hubiera
traicionado a sí misma. ¿Estaba nerviosa?, ¿pasó su vida por
delante de sus miles ojos?, ¿se acordó de dios? Yo era dios en ese
momento y aun me quedaba la tercera velocidad.
Sin embargo, me conmovió
la actitud pertinaz de la mosca, aferrándose a la vida, soportando
aquella presión. Así que decidí darle una oportunidad. Si la mosca
es tan obstianda para resistir esta presión tiene derecho a vivir.
Me compadecí y apagué el ventilador. Le permitiría escapar,
rehacer su vida con otra mosca, dejar descendencia, quizás salir de
viaje de vez en cuando, ¿qué sé yo? Pero la mosca no quiso
escapar. Se mantuvo en su posición. Ella estaba decidida a
permanecer en ese lugar y yo pensé que esa batalla la había ganado
la mosca. Pero tenía curiosidad, quería saber cómo acabaría la
mosca si subía a máxima velocidad. Encendí el ventilador a toda
potencia.
La mosca ni pestañeó.
Se estaba aferrando con la punta de las patas, con las garras. ¿las
moscas tienen garras? Sus alas casi se desprendían de su cuerpo. El
viento era tan intenson que de seguro se estaba despeinando. Sólo
era cosa te tiempo para que la mosca se fatigara, cediera y se
entregara a su fatal destino. Esperé. Nada. La mosca resistía con
valentía y determinación. Comenzaba a aburrirme. Necesitaba ver
acción. Necesitaba ver sangre. Además, sentía esa natural
curisodad científica que tenemos todos los seres humanos. Con el
pulgar di un pequeño golpecito sobre el lugar donde estaba la mosca,
esto la desestabilizó y... bueno, de inmediato escuché algo
parecido al sonido que hace un grano de arroz cuando cae sobre la
mesa.
La mosca quedó
retorcida por ahí, con las alas vueltas hacia dentro, medio encogida
y abollada. No vi sangre.
Acomodé el flujo de
aire hacia la cama, me desnudé y me recosté a dormir una sienta,
como un dios abúlico que ni siquiera se complace de su maldad.
Yo le pondría
ResponderEliminarVeritas veritatem