lunes, 23 de marzo de 2015

Superfluo


El edificio de alta seguridad es una contrucción de espejos impenetrables que reflejan desde cualquier ángulo la ciudad de Maryland. Rodeando esta construcción, una enorme alfombra de cemento gris - con más de dieciocho mil plazas de estacionamientos - da la impresión de estar en un gigantesco campo calcinado. No hay árboles ni jardines en la zona. Cualquier indicio de vida y espontaneidad han sido eliminados del emplazamiento. Las cámaras de seguridad lo vigilan todo.

Abdul Jabbar es experto en informática y geografía. Trabaja en el ala norte del piso trece; lo que todos llaman "la oficina", diseñada para operaciones de espionaje y ataques a distancia; grandes tableros desperdigados conforman un pequeño anfiteatro en cuyo centro, antes que escenario, hay una enorme pantalla que proyecta los objetivos en tres dimensiones. Lleva ocho años en la oficina. Trabajó para Halliburton buscando rutas y cuencas hidrográficas en Siria y Pakistán, pero después de los atentados del 2001 fue reclutado por "la oficina" y emigró a Estados Unidos. Al ingresar al país se naturalizó como Paul Slave y se casó con Mónica, una colombiana que trabajaba de mesera en la universidad de Columbia.

A las siete de la tarde el coronel Nick Wilson dio la orden de detener las intervenciones. Estaban exhaustos. Uno a uno, ingenieros y técnicos, fueron desembarazándose de los controles; se pusieron de pie, se estiraron aletargadamente, como gatos que acaban de despertar. Llevaban doce horas en misión. Debían abandonar la oficina para que el equipo encargado de desprogramar los computadores pudiera hacer su trabajo. Era el protocolo. Nadie debía saber  qué lugar del mundo habían intervenido aquel día. Durante la operación sólo tuvieron acceso a códigos y claves georreferenciales.

Paul Slave se dirigió al baño a mear. Luego, se dispuso a salir del edificio. Su automóvil estaba estacionado en el lugar 11.021-K; tuvo caminar un par de cuadras bajo el cielo que tenía el color de pantalla de televisor en un canal muerto; a no ser por dos buitres que volaban a cierta altura.

Una vez en la autopista se encontró con un embotellamiento que atravesaba todo Maryland hasta Washington. Debía pasar a realizar unas compras. Encendió el radio. El locutor de una emisora local decía:

... para quienes acaban de unirse a nuestra sintonía: la autopista A105 está bloqueada en su dirección oeste. Un camión se estrelló contra la barrera. El conductor está a disposición de la policía. Para acompañar a nuestros amigos que regresan a casa o que comienzan su turno de trabajo, los dejamos en compañía de Elvis con "Suspicious mind"

Mónica era fanática de Elvis. Subió el volumen y abrió la ventana. Coreó con Elvis los versos finales de la canción

"We're caught in a trap, I can't walk out... uh uh uh uh uh...
because I love too much, baby"

Se animó. Una hora y media después entraba en un supermercado donde apenas encontró estacionamiento, en las afueras de Washington. La lista de compras era larga. Al día siguiente celebraban los cinco años de Maribel, su única hija.

En la sección de carnes tuvo que esperar. El ticket decía 30-E y el marcador estaba en el 15-D. Una mujer obesa discutía con el carnicero por los cortes. La chica de los fiambres estaba molesta con sus jefes y se negaba a atender. Hacía calor dentro. Miró los rostros impasibles de los americanos; todos le resultaron abotagados, fofos, con la expresión preocupada de que no se les acabara la carne o el pan. La mujer obesa finalmente se rindió y se dirigió a otro lugar. El marcador avanzó un par de números. Un hombre bebía coca-cola en un vaso de dos litros mientras deglutía unos queques con crema. Tenía una espalda ancha que se desparramaba por debajo de su cinturón. A su lado se acercó un hombre sentado en un tricíclo eléctrico; llevaba sus compras en un canasto. El hombre le dijo

- ¿Podría alcanzarme un ticket?

Alguien gritó "Hay cortes de carne en la heladera del pasillo 36"

La muchedumbre se movió como una marea mórbida hacia el lugar que indicó la voz. Otra voz - más tenue - señalaba los pasillos donde se realizarían ofertas durante los siguientes quince minutos. "En fiambres se está degustando paté de ballena". Esperó a que lo atendieran; pidió unos cortes para la parrilla, pollo deshuesado y sin piel y salsa para barbacoa. 

Los alcoholes no eran su especialidad. No bebía. Nunca bebió de joven; desde que se vino a occidente participó en reuniones donde habitualmente se bebía vino o champaña, pero él siempre se deslizaba en las veladas con un jugo o un vaso de soda. Mónica lo sabía. Había incluido la cantidad y las marcas. 

Tuvo que hacer fila nuevamente, en la caja. La mujer obesa de antes regañaba a su hijo. Un rollo enorme de carne, como un brazo, rodeaba la nuca de la mujer. Llevaba el cabello tomado y sudoroso. En la fila todos comían o bebían algo: dulces, chocolates o  refrescos de colores.

Dos hombres discutían

- No es lo mismo centro acaramelado que relleno de caramelo.
- Lo importante es que el centro sea líquido.

Había que intervenir otros países para conservar al americano libre. 
La cajera preguntó

- ¿Acumula puntos? Deme su número de identificación.

Por formación profesional no acostumbraba revelar su nombre ni sus datos personales; además, estaba al tanto de que la invitación a acumular puntos era el cebo con que las cadenas de supermercados acumulaban información sobre las preferencias de consumo de sus clientes. A Mónica le importaban poco las conspiraciones de bancos o supermercados, pero él decía que no necesitaban puntos de supermercado, ni rebajas, ni nada; no transó esta vez.  La cajera insistió

- Por 3 dólares puede asegurar su compra. Deme su número de identificación.
- No, muchas gracias, no quiero el seguro.
- Podrían asaltarlo en el estacionamiento. Este es un sector peligroso. Está lleno de negros.

La cajera observó la piel morena de Paul Slave y continuó sin hacer más comentarios.

Al día siguiente se levantó temprano. Desayunó una manzana, granos de maní y un vaso de agua. Los invitados comenzarían a llegar al medio día. Los primeros en aparecer fueron sus suegros. Clara y Romualdo habían viajado desde Colombia para el cumpleaños de la nieta. Esta era la segunda vez que veían a Paul; ellos no hablaban inglés, Paul comprendía bien el español, pero tenía dificultades para expresarse.

Luego llegaron los Faulkner con la pequeña Sissy. Alfred Faulkner era policía y su mujer, una chilena que enseñaba español en una secundaría, había conocido a Mónica en una reunión de latinoamericanos. Después aparecieron los Dominguez, un matrimonio peruano, con sus hijos Claude y Michelle; y así, poco a poco, como un gotario, se presentaron todos los invitados en casa. La mayoría eran latinos, y casi todos eran amigos de Mónica. Paul Slave, por protocolo profesional, no podía tener amigos ni frecuentarse con colegas de "la oficina".

Los niños estaban jugando. Las mujeres conversaban sentadas alrededor de la mesa bebiendo caipiriña; los hombres bebían cerveza y vigilaban la carne. Paul Slave se dirigió a la cocina a buscar un ingrediente. Allí encontró a su suegro viendo televisión. El hombre estaba concentradísimo en la pantalla; cuando Paul apareció el suegro lo miró y le sonrió, luego apuntó al televisor

- Terrible es la guerra - comentó Romualdo

En la pantalla se informaba acerca de un bombardeo ocurrido el día anterior en distintas ciudades Siria. Las imágenes mostraban a mujeres que yacían en el suelo muertas con sus hijos en los brazos. Un hombre con el brazo desgarrado era sacado de los escombros y llevado a la sombra de un árbol donde lo esperaban niños con el rostro ensangrentado y mujeres que miraban aturdidas y atemorizadas a la cámara. La cámara apuntó en otra dirección y mostró una vista panorámica de la destrucción y de las bombas que seguían estallando. El reportero hablaba en inglés.

- ¿Qué está diciendo? ¿qué dice? - Preguntó Romualdo a su yerno
- Que país terroritas... que amenaza a libertad y democracia... que presidente sirio asesino
- ... increíble... si parece un país tan pobre como Colombia o Bolivia

Paul Slave tomó lo que buscaba y regresó a preparar la carne.
La tarde se deslizó deliciosamente. Los niños se divirtieron y las mujeres se pusieron al día en los chismes familiares. Cuando todos se hubieron marchado, Mónica acompañó a sus padres hasta la habítación. Les dijo que los vería por la mañana, y que tenía organizado un domingo entretenido para todos.

Al bajar al salón encontró a Paul sentado en el sofá bebiendo un vaso de agua, meditabundo. Se le acercó por detrás y lo besó en el cuello. Él le devolvió una mirada y se besaron. Luego Mónica se dirigió al equipo musical e introdujo un disco de vinilo. Los parlantes comenzaron a emitir los primeros acordes de guitarra de la canción "Always on my mind" interpretada por Elvis, que Paul conocía tan bien. Mónica se le acercó y lo hizo ponerse de pie

- Esta parte de la fiesta es sólo para los dos.

Se besaron lentamente, Paul suspiró y la abrazó de la cintura.

- ¿Esto es paz americana? - preguntó Paul en un mal español.
- No, cholito, esto es amor de familia.

Se besaron nuevamente y se quedaron juntos bailando el resto del disco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario