Hace unos días el decano nos citó temprano en su oficina al profesor de morfología, al de zoología, al de cirugía y a mí, un biólogo de poca monta. Nos enseñó unas fotografías. Había otro tipo que no conocía y que nadie se molestó en presentar. Pronto deduje de quién se trataba. Las fotografías correspondían a un León; mejor dicho, a algo parecido a un león. Lo que ahí se veía era un animal raquítico y pelado de color gris. Un anciano huesudo en cuatro patas. Otras fotografías mostraban una enorme herida en una de las patas traseras. Una costra amarilla y supurosa. El desconocido dijo
- Esas las tomamos hace dos meses.
Todos lo miramos. El decano explicó que nos traían un león de circo para hacer
una autopsia.
- Es una tremenda oportunidad,
profesores. Necesitamos armar un equipo. Podemos televisarla por
circuito interno; los estudiantes pueden estar en la sala de
proyecciones mientras el equipo realiza la operación. Esto es una
tremenda oportunidad. No todos los días se tiene un león para hacer
algo así.
El decano estaba muy excitado. Salió a
hacer unas llamadas. Nos quedamos con el extraño hombre que estaba
frente a nosotros. Vestía de manera muy sencilla. La piel curtida de
su rostro daban a su expresión un aire tosco, pero tenía modales tranquilos y afables. Carlos Montes, el cirujano, preguntó
- ¿Qué le pasó? -señaló al león de las
fotografías.
- Una herida. Hace unos meses atacó a
su entrenador. Tuvimos que entrar en la jaula y lo
herimos con un gancho para que lo soltara del cuello.
- ¿Por qué no lo sacrificaron antes?
-preguntó Eugenio Délano- es una maldad tenerlo así por tanto
tiempo.
- Para nosotros este macho era semental. Hasta el final tuvimos esperanza de que pudiera dejarnos
descendencia. No somos un circo con grandes recursos, no podemos ir
al supermercado a comprar leones. Tenemos que
reproducirlos nosotros mismos.
- O sea, este león nació en el
circo -inquirí.
- Llevamos cinco
generaciones de leones producidos por nuestra empresa. Comenzó mi bisabuelo. Nunca antes habíamos tenido problemas con los
animales. Aunque no lo parezca, estos animalitos son dóciles; cuando
nacen entre personas se comportan bien. Esta es la primera vez que
nos ocurre algo así.
- Y entonces ¿por qué atacó a su entrenador?
El tipo suspiró y se sentó
- La historia es más o menos larga.
Todos nos miramos. A mí me intrigaba la historia, conocer este tipo de detalles de la vida de los animales
resultaba bastante interesante. El hombre de circo comenzó.
- Este animalito nació hace siete años.
Después de mucho tiempo pudimos por fin tener un macho. Antes los pedíamos prestados y eso significa gastos. Los primeros
meses lo amamantó la madre, pero luego los separamos para que no se
cebara. Los animales cebados son más difíciles de adiestrar. Así
que los dejamos en jaulas separadas. Desde ese momento, el entrenador
se hizo cargo completamente de él. Lo alimentaba, limpiaba su jaula, lo
bañaba; era como su padre y al mismo tiempo su profesor. El león lo seguía
a todos lados como un perro. El “profesor” le enseñó modales. El
león se vuelve obediente y respetuoso. Aprende normas y las reglas
del circo. Qué hacer, dónde ir o no ir, etcétera.
El cachorro es juguetón,
curioso y eso es lo que el profesor usa para enseñarle trucos. Le pusimos de nombre León.
>> Entonces, León creció y poco
a poco lo fuimos incluyendo en las rutinas. A los niños les
encantaba. Era un animal inteligente, un animal que sabía hacer las
cosas bien; todo resultó como las esperábamos.
>> Estábamos de viaje por el
sur. Fue el verano del año pasado. Veníamos de regreso. Nos pilló
lluvia torrencial en un camino secundario. Generalmente nos movemos
en caravana para asistir a quienes eventualmente sufren algún
desperfecto. Los camiones pesan mucho; uno de ellos socavó parte de
la carretera. Se produjo un volcamiento de varios de nuestros
vehículos. Entre ellos donde iba León. Su remolque rodó quince
metros por un acantilado y se abrió. León nunca había estado
libre. Lo vimos salir vivo e intacto de su jaula. Lo llamamos.
Primero dio unos pasos tímidos en el barro. Pisó la tierra, olfateó
el lugar. Parecía desorientado, perplejo. Lo llamamos desde arriba.
Su profesor bajó para atarlo, pero León caminó hacia el bosque,
nos miró por última vez y se adentró en la espesura.
El decano irrumpió en la oficina hablando ruidosamente por teléfono. Buscó entre los papeles sobre su escritorio; revisó las gabetas, tomó un lápiz, escribió algo, nos miró y señaló el teléfono indicándonos que hablaba con alguien importante. Se acomodó en su silla y expresó sus planes inclinándose hacia atrás. Nosotros esperábamos que terminara de hablar y nos explicara de qué se trataba todo eso, pero se puso de pie tan raudo como entró y desapareció tras la puerta.
Nos quedamos en silencio. El profesor de cirugía hizo un gesto con el índice en la sien y nos reímos. Después de unos instantes el hombre del circo continuó.
El decano irrumpió en la oficina hablando ruidosamente por teléfono. Buscó entre los papeles sobre su escritorio; revisó las gabetas, tomó un lápiz, escribió algo, nos miró y señaló el teléfono indicándonos que hablaba con alguien importante. Se acomodó en su silla y expresó sus planes inclinándose hacia atrás. Nosotros esperábamos que terminara de hablar y nos explicara de qué se trataba todo eso, pero se puso de pie tan raudo como entró y desapareció tras la puerta.
Nos quedamos en silencio. El profesor de cirugía hizo un gesto con el índice en la sien y nos reímos. Después de unos instantes el hombre del circo continuó.
>> Inmediátamente comenzamos la búsqueda.
Se dio la alarma general. Se dispusieron equipos para su cacería. Queríamos evitar que lo mataran, pero ustedes entenderán
que si León atacaba a alguien los responsables seríamos nosotros.
Yo mismo en persona me adentré en bosques y cordillera para encontrarlo. Lo
mismo hizo su entrenador. Durante tres semanas no supimos de su
paradero. Temí que hubiera muerto; después de todo, León era un animal nacido y criado en cautiverio, nunca desarrolló sus instintos para enfrentarse al mundo salvaje e incierto.
>> Cuando finalmente lo hallé estaba famélico. Llamé a su entrenador y a refuerzos del circo; pedí que trajeran comida. Tardaron dos días en llegar. Entonces, presencié algo que me hizo sentir orgullo de él hasta la médula de los huesos. Como les conté, León estaba flaco y aturdido, de seguro que no había comido en días. Debe haber percibido algo entre los arbustos, un olor, un movimiento, no sé, algo que yo no noté; se puso de pie, se agazapó y corrió hacia unos árboles. Temí que fuera al ataque de una persona. Lo seguí con el rifle cargado y mi corazón en vilo, pero lo perdí de vista. De pronto, ahí estaba, sacudiendo su melena, dando zarpazos con sus garras. Había atrapado un cerdo salvaje. El animal colgaba de su hocico, se sacudía y chillaba, luchaba con fiereza por su vida, pero era inútil. León lo arrastró con torpeza y lo mantuvo prisionero por varios minutos hasta que finalmente lo soltó. Debe haber sido un momento intenso en la vida de León. Percibir el sabor de la sangre caliente de su víctima, los latidos del corazón que poco a poco se fueron apagando. Tanto poder lo debe haber hipnotizado. En ningún instante me dirigió una mirada, sin embargo, estoy seguro que sabía que yo estaba ahí. Nunca me he sentido más cerca de nada ni de nadie que en ese momento, y sin embargo, lo único que podía hacer era quedarme escondido y llorar en silencio de alegría.
>> Finalmente, llegó el equipo de
cacería. Todos los del circo. El acceso era
complicado en ese sector de la cordillera. Cuando se dio cuenta que
íbamos por él, huyó. Se adentró en la cordillera. Lo buscamos por tres
días hasta que finalmente dimos con él. Sentí mucha
pena de atraparlo, pero era preciso hacerlo. Este animal representaba
mucho para nuestro circo.
En ese momento, el decano regresó a la
oficina e interrumpió la narración con actitud pretenciosa, como si lo estuviéramos esperando solamente a él y durante
todo el tiempo no nos hubiera interesado nada más que el
programa de televisión que quería armar con la autopsia.
- Acabo de hablar con una productora -dijo-.
Dicen que disponen de técnitos y camarógrafos para grabar la
operación. Debemos instalar un par de artefactos en la sala de
conferencias, es el único lugar donde hay una pantalla. El problema
es que esa sala es sólo para diez personas. La idea es que puedan
participar estudiantes y otros docentes, necesitamos una sala para
cincuenta, ojalá para más. ¿qué opinan ustedes? ¿en qué otro
lugar lo podríamos hacer?
Todos lo miramos y nadie dijo nada. La
secretaria apareció para salvar el incómodo momento y lo sacó de
su oficina.
- ¿Cómo sigue la historia? -preguntó
Eugenio Délano
- Lo trasladamos hasta Concepción.
Pensábamos quedarnos una temporada por la zona. Cuando regresó al
circo nos dimos cuenta inmediatamente que algo había cambiado en él.
Se había producido una transformación. Los animales no hablan con palabras, pero expresan sus estados de ánimo con gestos y actitudes, igual que los humanos. Nos miraba con desconfianza y rencor. Ya no era el animal obediente y manso de antes. Se negaba a participar en
las rutinas. No seguía instrucciones; dejaba de comer por días. El entrenador intentó aleccionarlo con castigos. Fue una torpeza.
>> Una tarde, creo que fue un lunes por la
tarde -lo recuerdo porque los lunes no abre el circo- el entrenador
estaba ensayando la rutina con León y otros animales. Lo único que
escuchamos fue un grito ahogado. Los niños comenzaron a llorar. León
había atrapado a su amigo de toda la vida, a su profesor, del
cuello. Lo estaba desangrando. Entramos en la jaula e intentamos
zafarlo, pero se negaba a soltar. Lo golpeamos con cuerdas y palos, y
lo único que logramos es que lo arrastrara por la jaula. Finalmente,
alguien lo hirió con un gancho en una de sus patas traseras. León
dio un rugido y soltó el cuerpo del profesor que estuvo
meses hospitalizado. Al principio pensamos en sacrificar a León,
pero necesitábamos que primero se cruzara con algunas de las hembras.
La herida no sanó y nosotros no hicimos nada al respecto; de algún modo nos sentíamos decepcionados de él y lo abandonamos a su suerte. Se volvió melancólico,
miraba al cielo, los pájaros, mientras la herida supuraba y se iba llenando de moscas. Pienso que en el fondo de su mente
bruta, en algún lugar debió sentir un cambio profundo. Quizás los
animales tienen alma realmente, o consciencia. El resto de la historia la conocen. La herida infectada lo mató y ahora muerto parece que hará su último espectáculo frente a las cámaras.
Sonrió amargamente. Nos quedamos pensativos. El decano se asomó al marco de la puerta.
- Amigo -dijo dirigiéndose al hombre del
circo- venga, acompáñeme usted; tiene que firmar unos papeles y
queda todo resuelto.
El hombre se despidió de nosotros.
Minutos después regresó el decano frotándose las manos y con una enorme sonrisa; sólo le
faltaba pararse sobre las manos para mostrarse más feliz.
- Si quisiera podría
meter en líos al dueño del circo –comentó el decano – cada vez
que muere un animal deben avisar al servicio agrícola y ganadero;
éstos inician una investigación. Con toda seguridad terminarían
dándole una tremenda infracción por las condiciones en las que
estaba el animal. Incluso podrían cerrar el circo. Pero para qué
vamos a ponernos pesados – sonrió – esta es una excelente
oportunidad para hacer una buena autopsia frente a un grupo de
estudiantes. Además, ¿de qué otra forma podríamos conseguir un
león? Los peces gordos de Santiago están muy entusiasmados con esto, van a transmitir la autopsia via streaming. Bueno, entonces profesores ¿cómo nos organizamos, ya planificaron algo durante estos minutos?
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