viernes, 18 de septiembre de 2015

Chancho Borracho

Mireya desapareció la noche del 8 de enero.
Salió por leche y cervezas. Debía pasar por el banco.
Efraín encendió un cigarrillo frente a la tele.
El cajero automático estaba a 10 minutos y la farmacia a un costado, pero el chancho borracho estaba a otros 7 minutos.

Mireya cogió el viejo hyundai del '93.
Llevó consigo a la niña -Dorothy- de seis.
Efraín calculó que tardaría media hora. Cuarenta minutos a lo más.
Encendió un cigarrillo mientras la pantalla escupía el concurso The Voice.
Quedaban dos latas de tekate y un paquete de gold leaf.

El hyundai tenía cambio de volante, pero funcionaba bien.
Tuvo que resolver algunos desperfectos, aunque era confiable.

Durante la tarde habían estado bebiendo; hicieron el amor en la piscina de plástico de los niños. Mireya había dicho que se aburría en Arica, mientras lo montaba. Quería viajar.
Mireya tenía 23. Se aburría. La ciudad era demasiado pequeña.
Efraín prometió sacarla más a menudo. En la sunset había un buen espectáculo.

Las noches sofocantes de enero transformaban el aire en alquitrán. Costaba respirar. Efraín abrió la puerta de calle. Iba vestido con pantalón bermuda sin polera.
Afuera las chicas fumaban sentadas en la berma con los muslos desnudos. Eran morenas. Sonreían. No notaron su presencia. Era martes.
El poste de enfrente estaba convertido en un vertedero. La vieja lanzó una bolsa con desperdicios. Las moscas revoloteaban alrededor de la luz amarilla. El aire olía a gelatina de pollo descompuesta. Cerró la puerta de calle.

A las once y treinta Mireya no regresaba. Había salido hacía más de una hora.
Sufrió ataques de celos y de ira.

¡¡puta conchetumadre!!

La imaginó dentro del Hyundai sin calzones, falda en la cintura, piernas abiertas, en posiciones que podrían fracturarle la columna; el agua salada en el cuello.
Pero había salido con la niña de seis.
Se tranquilizó.
Mireya había engordado con el último embarazo, aunque seguía haciendo buenas mamadas.

Abrió la última lata y endenció un cigarrillo.
En el otro canal "El muro" del che-copete.
Se distrajo durante una hora.

Doce y treinta. El otro niño -de dos años- dormía.
Cogió la camioneta. El estanque estaba casi vacío. Dio unas vueltas por ahí. Se arrimó hasta el banco. La farmacia estaba abierta.
Conducía sin camiseta. Decidió no entrar a preguntar.
El chancho borracho tenía luces encendidas, pero nadie compraba frente a sus rejas.

Marcó el número de Marlene.
Marlene no había visto a Mireya aquella noche.
Marcó el número de Ximena. Ximena estaba durmiendo.
Karime estaba en Antofagasta.
Karime preguntó si habían discutido.

Dos de la mañana.
Entonces llamó a los padres de Mireya.

Ezequiel Fuentes era mecánico y aun seguía trabajando en casa a esas horas. Apareció con las manos sucias y el overall amarrado a la cintura.

Ezequiel consideraba a Efraín un vago. Su hija pudo optar por algo mejor; pero su hija se preñó de éste. Sabía que Efraín bebía demasiado, pero lo que le molestaba eran sus sospechas de que traficaba pasta.

Llamaron a carabineros; preguntaron por accidentes de tránsito.
Carabineros dijo que no habían reportes de accidentes de tránsito hasta ese momento, pero que pedirían a los patrulleros buscar un Hyundai gris del '93.
Carabineros recomendó llamar a policía de investigaciones para hacer la denuncia por presunta desgracia.
Policía de investigaciones no abriría el expediente hasta que se cumplieran 48 horas de la desaparición.

*

La encontraron el jueves en el Valle de Lluta. Tenía los brazos atados. Estaba desnuda. Le habían arrancado el labio de una mordida; le arrancaron una oreja. Fíjate en ese dedo, la uña no está. Intentó defenderse. ¿Y los pezones? Fotografía el cuello. La vagina amoratada. Sangre en el ano. Alguien le propinó una paliza. Busca restos de semen.
¿Quiénes están de turno esta noche?

Los oficiales Carlos Belmar y Tábata Salgado eran el equipo de peritos forenses. A Belmar le decían el poeta.
Estaba de rodillas tomando muestras. La oficial Salgado auscultaba dentro de la boca. Ella comentó

- Tendremos que llamar al dentista
- ¿A quién?
- A Cristian Aldana
- ¿El que le agarra el pico al marido de su hermana? -sintetizo Belmar
- Faltan piezas; también le mordieron la lengua. Aquí se nota el arco del maxilar superior de quien lo hizo.
- Quizás se lo hizo ella con un golpe
- La mordida va hacia dentro.
- Llamemos al dentista... el que le gustan las bolas exhibicionistas.

El hyundai gris del '93 estaba abandonado en la cuesta de Hacha.
Llamaron al marido. No tenían noticias de la niña de seis.
Efraín se presentó a revisar el automóvil y luego lo interrogaron.
¿A qué te dedicas? ¿tienes enemigos? ¿discutieron antes que ella saliera? ¿Cuánto dinero llevaba encima? El padre dice que mueves pasta por tu calle.
Efraín comentó que faltaba una llave Stillson de 24'', y una caja de herramientas que guardaba bajo el asiento del copiloto. 

Bosch consideró lo de la llave Stillson una pista importante. Belmar y Salgado dijeron que había sido violada y golpeada. Costillas rotas, pulmón perforado. Restos de semen en el ano, vagina y boca.
Bosch armó el cronograma en voz alta

- Entonces salió por leche y cerveza. Los del banco dicen que hizo un retiro de $25.000 desde la sucursal a las 22:20 hrs.  Luego pasó a la farmacia. Algunos clientes recuerdan haberla visto arrastrando a una niña que no paraba de llorar. Hizo algunas compras y salió. Entonces, debió dirigirse a "chancho borracho" a comprar cervezas.... y aquí perdemos el rastro.

Vigilaron el local durante dos días, y finalmente aparecieron los sospechosos. Un ciudadano peruano que trabajaba de manera independiente haciendo "pololitos". El otro, en el puerto. Lo vieron salir con la caja de herramientas.
Los muchachos se le echaron encima como moscas a la mierda.

Las pruebas coincidieron de inmediato; pero lo más contundente fue que el tipo llevaba consigo la llave stillson. Bosch lo interrogó

- ¿Dónde está la niña?
- El peruano...

El chancho borracho era una vieja botillería en la esquina de Artesanos con Robinson Rojas. Era una edificación amplia. Los dueños del local arrendaban piezas en el patio.

Esperaron a que llegara el peruano y lo abordaron.
Bosch lo golpeó en el estómago. El peruano se negaba a hablar. Los polis buscaron en el patio, entre cajas, en el entretecho. Nada.
Alguien rompió la pared de cholguan. Ahí estaba. Desnuda. La mantenían semi muerta para sus perversiones.  

La desaparición de la niña se transformó en noticia nacional. Los ariqueños pedían que colgaran a los asesinos; los más extremistas que deportaran a los extranjeros. El ministro del interior puntualizó

- No tenemos pena de muerte, pero aplicaremos el máximo rigor de la ley.

Pero el pueblo quería ver correr sangre.
Los amigos narcos de Efraín cortaron cabezas. Aparecieron cuerpos desmembrados en la playa, a los pies del Morro.
Los narcos peruanos reaccionaron. Mujeres violadas, desapariciones.

La policía entró a las poblaciones a incautar armas; las cámaras entraron detrás de la policía.

Por las pantallas podías ver los guetos peruanos, colombianos y bolivianos. Casas de cartón y plástico, parchadas con bolsas del Lider o del Jumbo. Casas hechas con cajas de tomates; casas semi-incendiadas con un abrigo como puerta. Niños mugrientos jugando entre las moscas con los mocos colgando. Mujeres desdentadas. Hombres que trabajaban por casi nada. Y en la mirada de todos ellos la venganza. Aquel era el plan de inmigración del país.


La encuestas cayeron en picada. La presidente tuvo que hablar

- Enviaremos al Senado una propuesta excepcional para estudiar el caso del Chancho borracho. Creo que es responsabilidad del Estado dar señales claras de que estos hechos no pueden quedar impunes. Vamos a reponer la pena de muerte.

Y como siempre, así se resolvió todo. Matando.

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