miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿Qué Será?

Me enamoré de la mujer barbuda.
La conocí en un banco. Yo estaba haciendo un depósito; ella lo estaba asaltando.
Llevaba el rostro cubierto y me robó el reloj.
Días más tarde lo encontré adornando su muñeca en un café

- Ese reloj es mio
- Ah, ¿sí?
- Me lo robaste en el banco hace unos días.

Tres tipos se pusieron de pie; dos payasos y el trapecista.
Pertenecían a un circo pobre que estaba en las afueras de la ciudad. 

- No vale gran cosa, ¿lo quieres de regreso?

Uno de ellos puso la hoja de un cuchillo en mis costillas. Me subieron a un destartalado volkswagen escarabajo celeste  -como el de Mujica- y me trasladaron hasta el circo.
Se llamaba Isidora; vivía en un remolque con su monita.

- A ver, ¿qué haremos contigo? Naturalmente sabes que asaltamos el banco.

Mientras hablaba podía ver los vellos rubios de su rostro recortados por el sol.

- ¿Tienen leones acá? -pregunté

Sonrió. Su rostro se iluminó. Las calles y edificios florecieron. Los mares se alzaron en enormes olas y luego fueron solo espuma.

- Y están hambrientos -respondió-
- No parece un lugar que reciba mucho público
- Por eso hacemos horas extras

Se sentó sobre la mesa. Cruzó las piernas y pude observar que no tenía vellos en los muslos. 

- ¿Te gustan mis piernas? -no respondí- ¿y esto te gusta?

Se quitó la blusa y me mostró sus enormes senos.
Uno de los payasos golpeó la puerta

- Isi... ¿necesitas ayuda?
- Tranquilo, yo me encargo.

Nos desnudamos e hicimos el amor.
Aclaro que el único lugar de su cuerpo que concentraba vello era su rostro. Lo demás estába minuciosamente depilado.
Al finalizar se vistió y me dijo

- Te puedes ir.
- ¿eso es todo? ¿No te preocupa que los denuncie?
- Después de esto no lo harás.
- ¿qué quieres decir? ¿Hacemos el amor y problema resuelto?
- Así se resuelven todos los problemas de la vida, ¿o no? Con sexo.
- Te informo que también existe el diálogo, los correos electrónicos, las llamadas, el whatssap, los comentarios en el muro de facebook...
- ¡Vale! -me detuvo-. No estoy para enrollarme con nadie. Así que te largas o vas a dormir a la jaula de los leones.

Tuve que caminar. Por la noche no podía quitármela de la cabeza. Había sido un pésimo polvo, pero su aroma, su piel, el roce de tus vellos en mi rostro, me habían atrapado en las redes del enamoramiento.
Tenía que verla nuevamente; por suerte se había quedado con mi reloj.

Regresé la tarde siguiente. Encontré al trapecista sentado alrededor del fuego. Una mujer preparaba sopa desteñida. La niña mono hacía malabarismo con las brazas. El hombre lanzallamas secaba unas sábanas con su aliento. Unos payasos tocaban los tambores. El imitador de pájaros cantaba sentado en la rama de un árbol. Había ambiente festivo y alegre

- Ella no está -dijeron.

Me senté con ellos; tomé sopa, bailamos y estuvimos conversando. A media noche dormimos amontonados dándonos calor unos con otros.

Por la mañana apareció la mujer barbuda. Venía de mal humor. Me acerqué a su remolque. Abrió la puerta y me atacó con su escote y su sensual furia

- Te dije que no aparecieras por acá, ¿qué quieres? ¿quitarte las ganas conmigo?
- Te quedaste con mi reloj

Se lo quitó, me lo lanzó en el rostro y me cerró la puerta en la nariz.

Su mejor amiga me contó lo que pasaba.
Isidora estaba enrollada con el hombre gorila. Tenían una monita y compartían el remolque. Todo iba bien hasta que lo sorprendió enrollándose con la mujer tragasables. Entonces la mujer barbuda armó escándalo, amenazó con castrarlo mientras dormía y con afilar los sables de su amante. El hombre gorila la echó cagando. Sus nuevos planes eran instalarse con la tragasables en el remolque.
Así que la mujer barbuda tenía dos opciones: dormir en la jaula de los leones o regresar con sus padres. El problema es que los padres de la mujer barbuda ya no formaban parte del circo; se habían instalado en una cómoda casa en el centro de la ciudad; y ella amaba la vida itinerante del espectáculo... y al gorila. 

- No la culpes; tiene muchas cosas en qué pensar

Comentó su amiga. Y agregó en voz baja

- Además... ella tiene mucha testosterona.

De regreso a mi casa vi el titular de un periodico. En la fotografía de la portada aparecía el hombre gorila con semblante triste, sentado a la orilla de una laguna. A su lado un hombre muerto.
Una de las aficiones del gorila era emborracharse y hacer competencias acuáticas. Así que la tarde anterior se había dirigido con dos amigos a la laguna de Las Tres Pascualas. Bebieron hasta emborracharse y se lanzaron al agua, con tan mala suerte que uno de ellos se ahogó. Lo encontraron un par de horas más tarde a seis metros bajo el agua.

- Vaya -pensé- un idiota menos en la fila del banco. 

Durante el resto del día trabajé intensamente, e intenté olvidar a Isidora. No pude; me sentía en el infierno. Por la noche, en casa, lustré mis zapatos, bajé media botella de vino y me derrumbé en la cama sin ambiciones, sin talentos y con el pecho vacío y sin gloria. A las dos de la madrugada recibo una llamada suya.

- ¿Dónde estás? -dijo con voz meliflua y seductora- ven a buscarme; necesito besarte, necesito que me hagas el amor. ¡Ahora!.

Un impulso sensual me lanzó bajo la cama; corrí como un adicto tras la droga. La recogí en una esquina. Pasamos toda la noche juntos. Por la mañana seguíamos abrazados. Yo estaba medio dormido, y de pronto comenzó a rezar lentamente

- ¿Qué será esto dios mio,
esto que vive en las ideas de esos amantes,
que cantan los poetas más delirantes,
que juran los profetas embriagados,
que está en la peregrinación de los mutilados
que está en la esperanza de los infelices,
que está en el día a día de las meretrices,
también en los bandidos y en los desvalidos,
en todas partes y en todos los sentidos?
¿qué será, dios mio,
ésto que no tiene decencia, ni nunca la tendrá,
ésto que no tiene censura, ni nunca la tendrá,
ésto que no tiene sentido?

Cuando finalizó yo estaba llorando. Lloré y lloré como un crio de ocho años frente a dios. No frente al dios todopoderoso judío, católico ni griego. Sencillamente frente al espíritu religioso que hizo que nos entenderiéramos en la cama en ese momento. Le dije

- ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo?

No respondió. Me levanté al baño. Ella exclamó

- Estás orinando con la puerta abierta y te estoy escuchando.

Cerré la puerta. Terminé de mear. Me lavé las manos, me miré al espejo. Me sentía bien, en calma. Salí del baño. Ella no estaba. Se había largado nuevamente. Se llevó mi reloj y vació mi billetera. Por absurdo que parezca me sentí feliz.

Por la noche volví al circo. Estaban comiendo sopa de tallarines. Me dijeron

- Están ahí los tres, discutiendo.

Se referían a la mujer barbuda, a la tragasables y al gorila, metidos en el remolque. Una verdadera jaula de monos. Bebí con el trapecista y los payasos. Nos emborrachamos. Isidora apareció con rostro furioso a buscar su plato; no me dirigió la palabra. Pero a media noche se acercó

- Te necesito, bésame, por favor.

Estaba ebrio. No sé en qué lugar nos acostamos, pero sé que era un lugar blando y sucio. Hicimos el amor y nos dormimos abrazados. Por la mañana cuando desperté el circo se había marchado. Sólo quedaban las huellas de las jaulas, de las ruedas, de las carpas sobre el pasto. Me incorporé y deambulé por ahí. Me senté bajo un árbol. En el bolsillo de la camisa tenía un bulto. Era mi reloj. Por fin lo había recuperado.

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